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La Zona de Confort. No es necesariamente algo bueno.

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La zona de confort es aquello que desde pequeños se nos enseña a perseguir y sobre todo a buscar concretamente en la estructura convencional. Empieza con unos estudios que se alargan durante años, preparándote supuestamente para la mejor oportunidad laboral que puedas conseguir. Una vez alcanzada esa meta, toca emparejarse, reproducirse y criar tranquilamente a nuestra simpática descendencia peleando cada día por conservar nuestro puesto de trabajo. Para muchos, esto es todo un éxito y una media de 80 años de vida bien aprovechada.  Por supuesto es totalmente respetable, pero yo me niego a creer que no demos para más, cada vida en realidad son muchas vidas y como a mí me gusta pensar: No somos una sola cosa.

Presión social, inestabilidad económica, cargas familiares, falta de confianza en uno mismo… son generalmente nuestras anclas y sobre todo las que menguan día a día el espacio en nuestra propia zona de confort. Cuantas más anclas sumamos, y con ellas sus respectivos miedos, menos margen nos queda para el cambio y el desarrollo. A cada nueva idea creativa saltará una negativa en nuestra cabeza, o en la boca de alguna opinión gratuita, que nos atará los pies.

zona de confortPara los cocineros, esta situación supone nuestra tumba laboral. ¿O acaso conoces a alguno con éxito que se haya quedado quietecito y sin arriesgar? Elige a uno, el que tú quieras, el primero que se te venga a la mente, da igual que sea Arzak o Berasategui o los Roca… el que sea. Escribe su nombre en Google y busca su biografía, me juego lo que quieras a que está plagada de distintos restaurantes, de viajes, de residencias en distintos destinos y de mucho sacrificio. ¿Crees que solo es un caso? Prueba con otro nombre y después otro, hasta que agotes la Guía Michelin entera y entonces comprobaras que no es una casualidad, es una constante en sus carreras.

¡Pero oye! No te desanimes porque si tienes clara tu meta solo tienes que ir llenando el curriculum poco a poco. Ten en cuenta factores importantes como: la experiencia, el estudio, el trabajo en el extranjero, aprender idiomas nuevos y sobre todo saber escuchar y observar, las oportunidades pasan más a menudo de lo que la gente admite, pero tienes que estar atento. Ten presente que no somos árboles y por lo tanto no tenemos raíces, usa tus piernas y muévete.

“no sabes cuánto te van a pagar”

 “vas a perder tu buen horario”

“no conoces a nadie”

“es una ciudad desconocida”

“el jefe es un borde”

“vas a ser el nuevo otra vez”

“no es un contrato fijo”

“no hablan español”

“trabajan muchas horas”

“no vas a tener tiempo libre”

La lista de contras que la gente y tú mismo os podéis llegar a decir es probablemente infinita, puedes escribir unaeleternoayudante diferente cada día e ir llenando cuadernos. Y seguramente muchas sean verdad. La zona de confort está construida con ladrillos hechos de este tipo de palabras que nos llegan a provocar una sensación similar al Síndrome de Estocolmo, sin poder ver más allá del muro.

Por suerte hay acciones que podemos hacer para ampliar y desarrollar nuestra zona, algunas pequeñas que distorsionan nuestra rutina diaria y nos hacen apreciar el cambio como algo bueno, y otras más puntuales como viajar que nos permiten absorber nuevas culturas, religiones, costumbres sociales y ampliar nuestra visión del mundo y su magnitud.

 

Preparando este post me he topado con un video muy interesante de Inknowation, en el que se muestra de una manera mucho más visual y animada el tema de hoy. Te lo recomiendo.

¿Sabes hasta donde llega tu zona de confort? 

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Un pensamiento en “La Zona de Confort. No es necesariamente algo bueno.

  1. Pingback: ¿Existe la cocina honesta? - El Eterno Ayudante

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