¿Hay lujo en un club sándwich?

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Quien más quien menos se ha comido alguna vez en su vida un club Sándwich, ya sea al mediodía para coger fuerzas y enfrentarse a la tarde que se avecina o a las 4 de la madrugada cuando la fiesta ya no da para más pero el estómago te exige calorías. El Eterno Ayudante se atreve a analizar lo que se oculta detrás de tres rebanadas de pan tostado, bien untadas de mayonesa y repleto de “chicha”.

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Hoy en día, y desde hace mucho tiempo, el sándwich club se encuentra en miles de cartas de restaurante, desde el bar de piscina del parque acuático de tu ciudad hasta los hoteles de lujo con mayor prestigio. El mismo enunciado en la carta y a la vez platos totalmente diferentes lo mires por donde lo mires. ¿Comparten misma base y estructura? ¡Sí! ¡Evidentemente! Si no podrían venderte una ración de croquetas con el nombre de club sándwich (que lo del CLUB siempre queda bien, ¿no?) El problema suele estar en la calidad del producto y en el precio que estás dispuesto a pagar por él. La gente de a pie y mileurista, como un servidor, estamos más que acostumbrados a pagar entre 7 y 10 euros por esta delicatesen, por lo que tampoco solemos ser muy exigentes con lo crujiente que esté el pan o con lo que amablemente llaman pollo a ese riquísimo y baratísimo fiambre de ave. El problema viene cuando subimos de escalafón en la sociedad económica y nos encontramos veraneando en ese exclusivo Hotel cinco estrellas con el que llevamos años soñando y tras todo el invierno ahorrando decides darte un caprichito (¡viva la sociedad de consumo! No, no, enserio, ¡Viva!)    Pongámonos en situación. Hacemos el checkin a las 12:00, apurando el primer minuto de la mañana, y como solo vamos a estar una noche ya venimos con el bañador puesto para no perder tiempo, todo glamour… Tras el primer bañito en la maravillosa piscina al que no le falta ni el socorrista buenorro, nos aventuramos al bar y pedimos la carta ¡SORPRESA! ¡Nuestro amigo el club sándwich esta en primera fila! Y sin dudarlo pedimos uno para poder resolver la gran duda de todo turista ¿Qué lleva un sándwich de 20€? No tardamos más de 4 minutos en descubrir el misterio: 3 rebanadas de pan… ¿tostado? El color le dice a mi cerebro que está tostado pero mis manos no me dicen lo mismo ¿Será una lipotimia de tanta piscina? Lo abro y observo las finas lonchas de cada una de las capas que lo componen y restos de una mayonesa que al parecer el pan ha absorbido como si de crema solar encima de un guiri se tratase. Por dentro pienso: bueno… al menos han sido rápidos…

Amigo mío, es hora de que te revele el gran secreto, ese riquísimo sándwich que te está costando un tercio del depósito de gasolina lleva al menos hecho 4 horas en una nevera esperando a que alguien acabe con su sufrimiento. ¿Hay algo de lujo en eso? Yo la respuesta la tengo clara y creo que tú también. Pero no sufras, no todos los sitios ni cocinas son así, simplemente, igual que aprendemos a elegir la mejor fruta del mercado, debemos empezar a fijarnos en los detalles que te harán saber si lo que estás pagando lo merece. Un factor muy importante, para saber si la comida que te van a servir lleva algo de cariño, es el ratio que hay de trabajadores por número de cliente. Ese dato nos permite usar la lógica y deducir que si el bar está hasta los topes con 100 clientes y por la ventanita de la cocina solo ves una cabeza dando vueltas, difícilmente vas a comerte algo fresco. La lógica es aplastante y por muy bueno que sea un cocinero solo tiene dos manos, y este mismo factor lo podemos aplicar a la sala cuando esperamos un servicio que acompañe nuestra mágica velada.

Tanto cocinero como consumidor debemos ser exigentes con lo que damos y lo que pagamos por cada plato. Como diría mi madre “a mí no me regalan nada”, así que porque voy yo a regalar mi dinero y mi tiempo a cambio de un producto mediocre.

¡Por cierto! ¿Alguien sabe donde puedo comerme un buen club sándwich?

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