Allard

El Club Allard. Un menú de María Marte.

El Club Allard, alojado en un mítico edificio de Madrid, junto a la Plaza de España con un estilo de 1900 tanto en su exterior como en su interior, ofrece en pleno siglo XXI una de las propuestas gastronómicas más vanguardistas y elegantes del país.

La Chef María Marte es la encargada de capitanear este proyecto culinario y la responsable, desde 2014, de conservar las 2 Estrellas Michelin, que certifican la calidad y profesionalidad de su obra. Esta cocinera, de orígenes dominicanos, comenzó su andadura en los fogones fregando ollas y compaginando esa tarea con otros trabajos fuera del restaurante para poder vivir. Su amor por la gastronomía fue lo que la llevó a atreverse a pedir un lugar en la cocina del restaurante, que al principio tenía que conjugar con sus tareas de limpieza en la plonge, hasta que su mentor, Diego Guerrero, la liberó de ese trabajo para dedicarse al 100% a la cocina, hasta llegar al punto de relevarle como nueva jefa de cocina del Club Allard.

Desde entonces puedes degustar una propuesta hecha con productos de la tierra con claras y sugerentes influencias dominicanas, que aportan a los platos matices muy vivos y refrescantes.

En cuanto cruzas las grandes puertas del Club Allard y hasta que llegas a la mesa, te mueves todo el tiempo en un ambiente de elegancia y delicadeza, que te acompañará toda la comida. Un servicio atento, formal sin ser serios y con ojo siempre en el detalle, te dan pie a recibir la carta. La oferta principal consiste en dos menús: “Encuentro” con 10 etapas de comida por un precio de 115€ y “Seducción” con 14 etapas y un valor de 145€. A de más de un apartado de platos a la carta, que coinciden con muchos platos del menú, pero que también ofertan exquisiteces como caviar de río frío, foie o jamón ibérico de bellota gran reserva.

Nuestra elección para la comida fue el menú ENCUENTRO, que estaba compuesto por:

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¿Existe la cocina honesta?

En la última década ha habido un auge muy exagerado y descontrolado del mundo de la cocina. Los cocineros hemos salido a la calle y nos hemos convertido en noticia y somos protagonistas de talents shows, entrevistas, concursos y publicidad. Esto provoca que nuestra profesión y hobbie llegue al ciudadano de a pie, y de una forma u otra le haga participe de nuestro mundo. Hoy en día lo más normal en un restaurante es criticar con amplio vocabulario en la materia, sacado de programas como Top Chef o Master Chef, dando a entender un conocimiento sobre lo que se habla. Se ha incluido en parte del protocolo de comer, el sacar la foto correspondiente para las redes sociales y que todos sepan lo bien que comes y lo mucho que te cuidas. Vivimos un tiempo en el que todo el mundo dice saber de cocina, a todo el mundo le gusta comer bien y por fin conocemos nombres de cocineros que no son Carlos Arguiñano.

Pero ¡Cuidado! Como se suele decir… “Hecha la ley, hecha la trampa”, cuando nace un nuevo mercado o un nuevo tipo de cliente dispuesto a gastar, todos quieren subirse al carro y sacar dinero (normal…) Pero el problema está en que no todos lo hacen con la misma honestidad o profesionalidad. Y si pueden venderte cobre a precio de oro, lo van a hacer o como mínimo lo van a intentar. En las cartas de los restaurantes y en los menús del día cada vez se ven lenguajes más rebuscados y el uso de palabras clave que enganchan al cliente, casi sin saber lo que están leyendo, como “ecológico”, “ibérico”, “bio”, “casero”, “natural” o “de corral”. Porque no nos engañemos no suena igual: “huevos fritos con jamón” que “Huevos ecológicos de gallinas de corral con jamón ibérico” Este añadido de palabras nos amplía la imaginación y nos alimenta el ego antes que el estómago, y más todavía si podemos subir la foto al Instagram.

Todo esto está genial, si de verdad lo que te cuentan es lo que te comes. El precio, como casi siempre, es lo que te marca la diferencia. Si en el supermercado  te están cobrando la media docena de huevos ecológicos a casi 6€, crees que Paco, el del bar de la esquina, te va a poner la tapa a 5€… ¡Y con jamón! Eso sí, ibérico.

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